SANTA LIMONADA, DULCE Y FRESCA COMO MUCHACHA EN FLOR. Por Valentín Carrera

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De las muchas excelencias que posee este rincón del planeta que llamamos Bierzo (o, como antiguamente se escribía, Vierzo), nunca pierdo la ocasión de presumir de tres que, pese a mi esfuerzo viajero y cosmopolita, no he logrado igualar por esos mundos de Díos. Se trata de los pimientos, el chorizo y el botillo.


Ya, ya sé que podríamos presumir orondos de las cerezas, que igualan a las del Valle de Jerte (y, en aguardiente, las mejoran), o la empanada berciana, que nada tiene que envidiar a la gallega; o la de las truchas o ... en fin de todos los tesoros que la Naturaleza nos regala, con especial prodigalidad en este cacho de la Tierra.

Puestos a presumir, también podríamos ponernos chulos con los de Albacete o con los de Astorga en materia de periodistas y poetas, de cuya calidad y abundancia hablan las crónicas de la patria, y no digamos ya de políticos, de los que, sin mucho esfuerzo, podríamos exportar media docena a alguno de esos países atribulados: Kazajistán o Albania, sin ir (más) lejos.

Pero, ahora que se aproxima la Semana Santa, debo confesar mi pecado: pocas veces o ninguna he presumido de otro tesoro bercianícola, digno de figurar en los libros de Savarin, en la coctelera de Perico Chicote o en los recetarios de Arguiñano.

Me refiero, naturalmente (pues es una bebida muy natural) a Su Majestad La Limonada, ese refresco sin cola ni burbujas, casero y de la tierra, estacional y ceremonioso. La Limonada es, dicho sea sin herejía, la esencia gastronómica de la Semana Santa.

Cito Linares y Yoli Ordás, fundadores de esta dinastía hertziana merecedora de figurar en el libro Guinness de los Récords, dejaron sentado hace bien poco el origen fundacional del botillo y sus concomitancias (¡que palabreja!) con el “votillo”. Quizás en su ardua investigación, y en la espesa bibliografía por ellos consultada en la Biblioteca del Centro de Investigaciones Bercianísimas “Conde Gatón”, no detectaron un manuscrito atribuido a Plinio el Viejo en el que ya se habla de la limonada, como brebaje gracias al cual las indígenas de Borrenes conquistaban a los legionarios romanos. De aquellos polvos, estas procesiones.

El manuscrito de Plinio, no menciona expresamente la palabra “limonada”; pero habla de una pócima mágica, cuya receta secreta era conocida únicamente por los druídas cabreireses y transmitida oralmente de generación en generación. Pócima en la que Plinio adivina sabores cítricos y canela, y a la que atribuye virtudes afrodisíacas.
Después de Plinio, el rastro histórico se pierde y -salvo que aparezcan nuevos datos en el Centro de Investigaciones Bercianistas- no vuelven a ocuparse de ellas los ilustres plumíferos hasta el Siglo de Oro, cuando Don Luis de Góngora nos habla de la limonada en sus famosos versos, titulados “Ande yo caliente y ríase la gente”

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías
mientras gobiernan mis días
limonada y buñuelos tiernos.


Con Góngora queda la limonada unida para siempre a la poesía y a la belleza literaria y no es de extrañar que el propio Cervantes (que tenia parientes en la parte de Ancares: “Mi linaje desciende de las antiguas montañas de León”) y Quevedo, que veraneaba en el Hostal de San Marcos, hayan escrito algunas de sus mejores páginas bajo el influjo de la pócima limonera.

El rastro histórico -culinario del brebaje- reaparece dos siglos después, lo que significa que pervive en las casas, en el pueblo, en la transmisión oral de abuelas a nietas... así, podemos imaginar a un abuelete de Camponaraya, hacia mediados del siglo diecisiete, ilustrando a su primer nieto, acaso mamoncete, apenas destetado, sobre la receta de la limonada y el arte de jugar a las chapas, dos habilidades que los bercianos aprendemos en la cuna.

Decía que el rastro histórico reaparece más tarde, en una obrita de Gil y Carrasco poco conocida, pero merecedora de una nueva edición: “La limonada y su función en el ascenso y caída de la Orden del Temple”. Viene a sostener el novelero patrio en este magnifico opúsculo que los templarios debieron parte de su gloria a que conocían la fórmula secreta de la limonada y añade Don Enrique, “fué el exceso a aquella misma gaseosa mágica lo que condujo a la poderosa orden de caballerías a su ruina y extinción”.

No me atrevo a discutir la autoridad de Gil y Carrasco, en materia de limonadas, pues es conocida la anécdota de las cogorzias que se agarraba en Berlín con el barón Humboldt (¡Que años tan felices!); pero la condena del Papado no fué por el exceso de limonada, sinó porque entre aquellos santos y venerables caballeros se instaló una auténtica adicción a la limonada, considerada por el Vaticano como la primera droga de la historia. De este follón derivó la cuestión judía, origen de nuestra inocente costumbre de “matar judíos” (que no judías), expresión en la que no deben verse racismos ni xenofobias, sinó un sencillo afán Católico de poner las cosas en su sitio.

Y, en fin, puesto que estamos en Semana Santa, proclamemos humilde, pero gozosamente que la limonada es un rito y una devoción, una sed insaciable que aparece puntualmente cada primavera en nuestras vidas.

Por ello, yo hago ahora mismo propósito de enmienda y prometo en adelante presumir, como berciano de pro, de las cuatro cosas más ricas del mundo: los pimientos de la huertina, los chorizos y botillos de marranico, y la Santa Limonada, fresca y sabrosa como los labios de una muchacha en flor.

Esta Semana Santa y las venideras, los bercianícolas debemos aplicarnos con entusiasmo a beber la pócima mágica que tanto envidiaba Panorámix. Debemos apresurarnos a preparar calderos y calderos de ese néctar de los dioses y, que se vayan preparando en Valladolid, pues acaba de constituirse la Promotora de la Denominación de Origen “Limonada Berciana”.

Valentín Carrera, escritor y miembro de la Promotora de la Denominación de Origen “Limonada Berciana”

Texto editado en la Semana Santa de 2002 con motivo del III concurso de carteles de Limonada del café San Remo de Ponferrada.

Escrito por Redaccion, el Jueves, 01 de Abril 2010

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